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Lilia
Lardone
Para
escuchar: 
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Vidas
de mentira. Córdoba, Argentina. Alción Editora,
2003.
"La señal"
"La
señal"
Los
insectos giran alrededor del candil. La llanura nocturna
es como un mar inmóvil. La noche se hace dueña
del mundo y
hay veces que uno tiene que susurrar, decir algo. La llanura
se traga todo. Entonces uno susurra, como para
comprobar que vive.
Sylvia Iparraguirre
Al
pasar la mano, siente la suavidad y al mismo tiempo la resistencia,
como si su caricia encontrara un límite. Repite el
movimiento, esta vez más lento; disfruta del contacto
en sus detalles mínimos. A veces ' observa el cambio
de color de la piel, las delicadas gradaciones que aparecen
entre una zona y otra, ciertos resplandores que dependen de
la luz. Cuando concentra sus sentidos en las yemas de los
dedos, percibe la temperatura del cuerpo, los latidos, aquí
y allá una vena periférica. Si encuentra el
latido, mantiene firme la posición y deja que el golpe
sistemático se traspase a su propio cuerpo, se haga
uno con los canales por los que fluye su sangre.
Esos momentos no ocurren en la medida de su voluntad, no puede
predecirlos, esperarlos, disfrutar de su preparación.
No es él quien los dispone, tampoco su deseo, que a
veces se le agolpa en las entrafías como animal al
acecho. La señal, cuando aparece, lo sorprende. Pero
se ha acostumbrado a dominar el sobresalto que le provoca,
a reducirlo a un entrecerrar de párpados, igual que
si surgiera una luz súbita. La señal es cierta
mirada que ella le dirige desde sus pupilas estrechas, un
brillo diferente que le está reservado. Él la
reconoce y goza con la espera, ella estirándose hasta
casi tocarlo, después acostándos lentalnente
sobre el piso que él acaba de lavar y que conserva,
en sus bordes rectangulares, la frescura del agua.
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