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Gustavo
Roldán
Para
escuchar: 
- Dragón.
Ilustraciones Luis Scafatti. Buenos Aires, Sudamericana,
1997.
Amor
de Dragón
Bendición
de Dragón
Maldición
de Dragón
Amor
de Dragón
Cuando
los dragones se aman se desatan los maremotos, los volcanes
lanzan un fuego endemoniado y los huracanes largan una furia
que hace pensar que ha llegado el fin del mundo. Por eso a
veces, para amarse sin molestar a nadie, vuelan hasta el cielo
más alto, donde las estrellas casi están al
alcance de la mano.
Y
los dragones creen que el mundo queda en calma. Pero se equivocan.
Entonces caen rayos y centellas, el cielo parece desplomarse
con truenos aterradores, las estrellas fugaces y los cometas
de largas colas luminosas corren de un lado para el otro sembrando
el pavor, y los tornados enfurecidos se tragan medio mundo.
O
la luna o el sol parecen borrarse lentamente en el cielo y
todos dicen que hay un eclipse, dando minuciosas explicaciones
de cómo la tierra se coloca entre el sol y la luna
o la luna delante del sol y etcétera etcétera.
Vanas
explicaciones. Las dicen los que nunca miran bien. Si mirasen
bien verían claramente la figura de dos dragones que
se aman y que van tapando la luz de los astros según
se acerquen o se alejen.
Cada
vez que alguien piense que está llegando el fin del
mundo sólo tiene que abrir los ojos de mirar bien.
Los ojos grandes de mirar lejos. Y no creer en tonteras. Pero
eso no es nada fácil.
Bendición
de Dragón
Que
las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas.
Que el viento llegue lleno del perfume de las flores.
Que los ríos te sean propicios y corran para el lado
que quieras navegar.
Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el
desierto.
Que los desiertos se llenen de árboles cuando los quieras
atravesar. O que encuentres esas plantas mágicas que
guardan en su raíz el agua que hace
Que el frío y la nieve lleguen cuando estés
en una cueva tibia.
Qué nunca te falte el fuego.
Que nunca, te falte el agua.
Que nunca te falte el amor.
Tal vez el fuego se pueda prender.
Tal vez el agua pueda caer del cielo.
Si te falta el amor no hay agua ni que alcancen para seguir
viviendo.
Maldición
de Dragón
Que
tengas comida hasta estar harto todos los días de tu
vida. Y que vivas muchos años. Que nunca te falten
ni el agua ni la luz. Que los senderos sean suaves cuando
los camines. Que las espinas se aparten de tu lado. Que tus
enemigos te dejen pasar sin atacarte. Que ningún dolor
te hiera en el costado. Que nadie te lastime a traición.
Que nadie te ofenda ni siquiera con un gesto. Que tengas todo
lo que se pueda desear, por largos, larguisimos años.
Pero que te falte el amor.
"Desfío mortal"
¡Claro
que voy a pelear!
No, don piojo, usted no puede pelear con el puma.
_¿Que no puedo? ¿Por qué no puedo?
Es una pelea despareja.
Igual voy a pelear. Y ya mismo.
El
piojo y el puma se enfrentaron. Los ojos de los dos echaban
chispas, dispuestos para una pelea a muerte.
Los demás animales los rodeaban en silencio. Ya habían
intentado todas las formas de pararlos, pero no había
caso.
El puma mostró los dientes. Todos los dientes. Y los
animales dieron un largo paso para atrás.
El puma rugió y largó un zarpazo que hizo volar
al piojo y lo estrelló contra un quebracho. El piojo
se enderezó y atropelló. Otro zarpazo del puma
y el piojo quedó colgado en lo más alto de un
algarrobo.
¡Bueno, basta! dijo el sapo . ¡Ya está
bien!
¡Nada de basta! gritó el piojo bajando a los
saltos de rama en rama . ¡Nada de basta!
Y saltó desde el árbol a la oreja del puma y
se prendió como garrapata, dispuesto a chuparle hasta
la última gota de sangre.
El puma rugió y se pegó un tremendo manotazo
en la oreja para aplastar ahí mismo al piojo. Pero
el piojo ya no estaba. Había saltado a la otra oreja
y lo mordía desesperadamente. Otro manotazo del puma
y el piojo casi aprende a volar.
¿Y si terminamos la pelea? dijo el elefante dando un
paso adelante.
¡Atrás todos! gritó el piojo . ¡Nada
de terminar la pelea! Y atropelló dando manotazos al
aire.
El puma retrocedió sorprendido. No habla pensado que
ese bichito pudiera pelear con tanta furia.
Habla querido divertirse un poco, pero jamás se le
ocurrió que el piojo fuera capaz de llevar las cosas
tan lejos.
¡Vamos, pelee! gritó el piojo atropellando.
Otro manotazo del puma y el piojo fue a caer arriba del elefante,
ahí rebotó y cayó sobre el lomo del tapir.
¡Lo va a matar! dijo el oso hormiguero.
¡Lo va a destrozar con sus garras! dijo el coatí.
¡Lo va a morder con esos enormes colmillos! dijo la
iguana.
¡No podemos dejar que sigan! dijo el sapo.
¡Tenemos que hacer algo! dijo el quirquincho.
¡Por favor, don elefante, usted puede pararlos, haga
algo! pidió la cotorrita verde.
Bueno bueno dijo el elefante poniéndose en medio del
piojo y el puma . ¡Se acabó la pelea!
El puma dio un paso para atrás y dijo:
Por mi, la terminamos. Y les cuento que fue la mejor pelea
que tuve en mi vida. Lo felicito, don piojo, estuve mal y
pido disculpas.
Acepto sus disculpas, y también acepto que me estaba
ganando. Debo admitir que usted es más fuerte que yo.
Los animales hablaron todos juntos y se preguntaron muchas
cosas. En especial se preguntaron por qué habría
comenzado esa pelea tan feroz. Pero ninguno sabia.
Después se fueron, cada cual para su lado.
El elefante, el coatí, el sapo y el piojo se quedaron
charlando.
Don piojo preguntó el sapo , ¿por qué
comenzó todo este lío? ¿Se da cuenta
en lo que se metió?
Fue demasiado peligroso dijo el coatí . El puma es
un animal feroz. Me hizo temblar todo el tiempo.
No se preocupe amigo, coatí, yo temblaba más
todavía dijo el piojo.
Por qué pelearon? preguntó el elefante.
Porque casi me pisa. Pasó sin mirar y casi me pisa.
Y cuando yo grité me mostró todos esos dientes
que tiene y encima me insultó y me pisó la sombra.
¡Lo insultó! dijo el sapo . ¡Le pisó
la sombra! ¿Qué le dijo?
En realidad nada. Pero me miró como si me insultara.
Y movió la pata y casi me pisa otra vez. Y de nuevo
me pisó la sombra. Entonces me enojé. Me enojé
y lo desafié a pelear.
Pero, don piojo dijo el elefante , un piojo no puede pelear
con un puma.
Ya sé que no, pero las cosas tienen su límite.
Y creo que se estaba pasando de la raya. ¿Sabe, don
elefante?, a veces los bichos chicos tenemos que defender
a muerte la dignidad. Si no resistimos, si no defendemos la
dignidad, entonces sí que estamos listos. Y un buen
piojo no puede permitir que nadie le pise la sombra.
El elefante y el sapo se miraron y dieron un paso para atr5s
con todo disimulo. No vaya a ser que por ahí, sin darse
cuenta, pusieran la pata encima de la sombra del piojo.
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